Iñigo Urkullu otra vez pierde los papeles. Esta vez ha sido en la entrega de los premios René Cassin de los derechos humanos que organiza el Gobierno de la CAV. Urkullu se ha acercado a una persona que sostenía desde su silla una bandera por el acercamiento de los presos a Euskal Herria y le ha espetado que la guardara, cosa que el asistente ha accedido a realizar.
No es la primera vez que el lehendakari saca a relucir su tono prepotente y chulesco contra un determinado sector político de la sociedad vasca y, a la vez, se muestra totalmente sumiso, tanto él como su partido, con los sectores políticos, sociales, judiciales y empresariales del unionismo español.
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